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31/07/2010 05:38:27 a.m.
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Durante años la actividad de los mercados a término argentinos se vio trabada en su desarrollo por una serie de factores que provocaron prácticamente la prescindencia de su utilización por parte de los operadores en granos, con lo cual en la comercialización interna de esos productos se dejó de lado un instrumento de cobertura efectivo para minimizar los riesgos ocasionados por fluctuaciones de precios, al tiempo que se desperdicio la posibilidad de contar con un mercado realmente transparente y seguro en el que se opere por volúmenes importantes.

La mecánica operativa tradicional de los mercados a término nacionales no difiere en gran medida de la de los principales mercados de futuro de commodities del mundo. Sin embargo, a pesar de la similitud, algunas cuestiones propias del desarrollo económico financiero argentino y ciertas modalidades de la comercialización interna de los productos agrícolas han limitado gravemente su operatoria, al punto que los volúmenes de operaciones que se han registrado en los últimos cuarenta años resultan irrelevantes frente al tamaño de la producción granaria argentina.

Las principales causas que desalentaron su utilización a través de los años fueron:

a) Los altos niveles de inflación
Uno de los principales efectos negativos que ocasiona la inflación es la distorsión de los precios relativos de la economía, y en este aspecto se convierte en un grave obstáculo para el desarrollo de los mercados a término. Uno de los trastornos que un proceso inflacionario lleva aparejado se vincula con la habitual falta de correlación entre los distintos precios relativos, especialmente entre los tipos de cambio de divisas extranjeras, la tasa de interés interna y las distintas tasas de aumento de precios. La alteración de las relaciones entre estas variables puede determinar la adopción de decisiones incorrectas y, consecuentemente, afectar la realización de coberturas al no permitir anticipar, con un razonable grado de aproximación, la evolución de los precios efectivos futuros. En esas condiciones, el cálculo anticipado de rentabilidad de un negocio agrícola resulta sumamente riesgoso.

b) Los costos financieros implícitos en la operatoria tradicional
Los costos directos explícitos de una operación registrada en los mercados a término nacionales no constituyen un elemento desalentador para los operadores. En efecto, el derecho de registro y la comisión del corredor no resultan una carga excesiva para el operador y se aproximan a los valores vigentes en los principales mercados internacionales (Chicago, Kansas, etc.).

Tampoco los márgenes de garantía constituyen un freno para la operatoria. La posibilidad de reemplazar el depósito en efectivo por cauciones de títulos públicos o fianzas bancarias, prácticamente resta trascendencia al punto.

c) Factores de carácter político-institucional:
Como ya se mencionó, a lo largo de más de una década han existido en Argentina numerosos episodios de intervenciones gubernamentales que han afectado el funcionamiento de los mercados. Uno de los últimos ejemplos especialmente relevante para estos mercados se observó con motivo del lanzamiento del Plan Austral (junio 1985), que obligó a la liquidación de todos los contratos de futuro vigentes en los mercados a término.

El carácter imprevisible, discrecional y muchas veces arbitrario de las intervenciones oficiales en los mercados que han tenido lugar en los últimos 70 años, ha afectado muy profundamente la confiabilidad en el funcionamiento de los mercados en general y los de futuro en especial, que por su propia naturaleza proyectan su funcionamiento al porvenir.

d) Factores de carácter cultural
En nuestro país ha existido durante mucho tiempo una actitud muy generalizada de falta de comprensión de las conductas orientadas hacia la obtención de ganancias. En particular, no se ha comprendido la naturaleza de los beneficios que implica la actividad de los especuladores para el adecuado funcionamiento de los mercados y la transferencia de riesgo.

En la medida en que no pueda existir durante mucho tiempo un mercado de futuros con suficiente liquidez sin la activa presencia de especuladores, esta actitud cultural conspira contra una abierta promoción del desarrollo de las actividades de estos mercados.

e) Desconocimiento entre los sectores interesados
La operatoria de los mercados de futuro es poco conocida entre la gran mayoría de las personas vinculadas con la producción y comercialización de granos, y además su enseñanza recién en los últimos años ha sido incluida en programas de divulgación. De hecho, su funcionamiento no ha sido materia de tratamiento formal hasta comienzos de los 80 en ninguna de las carreras universitarias vinculadas con las ciencias económicas o agropecuarias.

f) Obtención de cobertura por otras vías
Los años de persistente inflación que prácticamente destruyeron la moneda nacional, tornando casi imposible el cálculo económico, obligaron a los agentes a utilizar su imaginación para poder seguir adelante con su actividad, creando modalidades de comercialización que permitieran al menos convivir con esa inflación. El comercio de granos no fue una excepción y, ante la imposibilidad de usar los mercados futuros, se crearon nuevas alternativas a través de los mercados físicos que ayudaron aunque sea a paliar la falta de ese valioso instrumento. Lo llamativo del caso es que hoy la situación no ha cambiado demasiado, y los mercados disponibles siguen siendo la clave de la comercialización de granos, en tanto que los futuros experimentan una evolución que realmente es muy lenta.

Un ejemplo de las modalidades de negociación de las que hablamos lo constituyen las llamadas "operaciones a fijar precio", mediante las cuales el acopiador se desprende de la mercadería al tiempo de la cosecha, estableciéndose un lapso para que el vendedor fije el precio de la mercadería en el momento que lo crea conveniente, sobre la base de la cotización del día de la mercadería en el mercado disponible (generalmente según las cotizaciones fijadas por las Cámaras Arbitrales). Con esta modalidad se pretendió resolver dos problemas: El primero, incuestionable y que no perdió su vigencia, que es la falta de espacio para acopiar el grano a su cosecha, por lo que se debe entregar a los elevadores terminales; el otro, la imposibilidad de vender a plazo a un precio determinado, a causa de la inflación. De esta manera, la evolución de las cotizaciones disponibles actuaba como un "indexador" del precio de la mercadería desde la entrega hasta su fijación, momento en el cual se producía el pago. Si bien esta operatoria forma parte de la comercialización secundaria del grano (acopiador/exportador), en realidad está generada en la actitud del productor, que a su vez entrega el grano en depósito al acopiador sin determinar un precio en el momento de cosecha, con la esperanza de que los valores suban durante el año comercial.

Analizando someramente la naturaleza de este tipo de operaciones, surge el hecho que cuando el productor entrega su mercadería lo hace en un momento en que los precios sufren la presión de cosecha, en tanto que cuando el negocio se perfecciona (el productor fija el valor del grano) ya han transcurrido varios meses y la mercadería se ha tornado más escasa. En síntesis, podría decirse que el productor otorga al comprador un préstamo en mercadería en un momento en que ésta es abundante para cobrarlo en otro, cuando ha adquirido mayor valor.

En la teoría explicativa de los mercados futuros, se dice que la relación de precios entre dos posiciones, por ejemplo mayo y junio, tiende a equivaler, a causa del arbitraje de los operadores, a los costos de "transportar en el tiempo" (carrying charges) la mercadería entre los citados meses, lo que implica un costo de almacenaje, seguro y la tasa de interés que compense el capital parado durante ese lapso. Entones, si las circunstancias del mercado se mantuvieran inalteradas, la cotización del grano se iría valorizando ininterrumpidamente desde el momento de su cosecha hasta el ingreso de una nueva producción por el monto acumulado de los citados costos. De ahí probablemente provenga la creencia de que "el productor siempre piensa que el grano va a subir". Como es obvio, los factores fundamentales que inciden sobre la oferta y la demanda nunca permanecen inalterados, por lo que la regla citada no se cumple a rajatabla. Aplicando lo antedicho a la definición que dábamos de las operaciones a fijar, digamos que las mismas pueden ser consideradas como un préstamo de mercadería (que se perfecciona con una venta en el momento de fijación) cuyo "capital" es el valor del grano que se entrega en el momento de cosecha y el "interés" es la valorización por el tiempo transcurrido, específicamente por el costo de almacenaje que el productor no paga. Ahora bien, el problema se presenta por el hecho de que , en caso de cambiar las circunstancias de mercado y tornarse bajista, el "capital" se desvalorizará y hasta puede ocurrir que el monto de los "intereses " no alcancen a cubrir esa caída.

Aunque podría argumentarse que en estos momentos no hay nada que impida al productor cubrir su venta "a fijar" con una posición vendedora en el Mercado a Término, que lo proteja de un eventual debilitamiento de las condiciones de mercado, lo cierto es que, dadas las características de la modalidad comercial de la que estamos hablando, es fácil que se produzcan confusiones y hasta evaluaciones erróneas del negocio efectuado, por el hecho de que el productor casi siempre terminará vendiendo a un precio mayor al que regía cuando entregó su cosecha.

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